DONOSO-RIPSTEIN- DONOSO-RIPSTEIN- DONOSO-RIPSTEIN- DONOSO-RIPSTEIN


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La novela y el filme. El filme y la novela.
¿Desde que lugar?
¿Es posible aún conservar las jerarquías?... Uno primero… Otro después.
¿Es posible?

Este ensayo no pretende nada… - instancia primera de acercamiento al papel en blanco-.
“La sólida distancia eficiente al blanco provocada por el encima del recorte, incide en la transformación del famoso blanco mallarmé en dispositivo”.[1]
En mi reflexión ese ‘recorte’, se enmarca-encuadra-organiza desde el espacio de la mixtura de ambas obras, novela [y] película, en mi cabeza.
Se introduce entonces al lector. A ingresar a este ensayo, -desde este cuerpo cansado- comentario necesario, ya que desde este, todo ‘absolutamente todo’, duele aún más… Se sitúan las manos sobre un teclado que lo recorren – a ratos rápidamente, a ratos lentamente, a ratos inmóviles,-diez uñas pintadas negras. En un intento de disfrazarse-me… y desde ahí buscar lo propio, tras el disfraz… como la Manuela, como la Japonesa, como la Japonesita… como todos.



[1] Lo primero es lo primero…

Y es inevitable mantener el inicio… El principio de los tiempos literarios y cinematográficos.

Fausto: Primero te interrogaré acerca del infierno. Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombre llaman infierno?
Mefistófeles: Debajo del cielo.
Fausto: Sí, pero, ¿en que lugar?
Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos. Donde somos torturados y permanecemos siempre.
El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer…


MARLOWE, Doctor Fausto[2]


[2] Orden.

‘El orden de los factores-¿si o no?-alteran el producto’.

Por la noche del martes 3 de julio del año dos mil siete, veo “El lugar sin límites”. Mas tarde, el mismo martes 3 de julio del año dos mil siete, y el miércoles cuatro de julio del año dos mil siete, leo “El lugar sin límites”. Pero, hay una serie de acontecimientos anteriores,-dos o tres semanas atrás-, en que tomo la novela y leo su epílogo. Enmarañada entre tanto trabajo, sólo recuerdo la sensación, en una palabra temí. Tuve miedo. Cerré la novela y, supe que la travesía de la lectura- pude prever,- me trasladaría al mismísimo lugar sin límites. A la crisis de mis propias nociones –básicas, elementales-, no por ello no necesarias, a ese punto en que mis propios lugares comunes, se tornan desconocidos. Ahí en ese espacio, donde los miedos, vacíos, repletos, abismos, espejismos, simulacros, seguridades, dudas… Donde somos torturados y permanecemos siempre. …Donde… tenemos que permanecer…

Leer.
Leer, después de ver. Ripstein como copia, jamás como original.

Mefistófeles –espacio intocable-, escrito y hablado. Aquel primer momento, la primera atmósfera, que no hace más que radicalizar ese- lugar - sin- límites. La novela. Sin embargo, hay una serie de elementos que anteceden aquella primera lectura. Se insiste, se escribe –sobre pantalla blanca-, para evidenciar el proceso constructivo del mismo texto. Lo menciono para que el problema que, –pretendo aparezca en la medida que construya este texto-, no sea olvidado por la persona que en estos momentos lee y se esfuerza-eventualmente- en comprender. Te invito a ingresar a la forma ciega y deleitosa de la búsqueda del problema.

Febrero del año dos mil tres. Baúl de la casa de Caterina, en Copiapó. Un día antes de partir de vacaciones a Perú. La circunstancia es encontrar lecturas, que potencialmente puedan servir de ‘distraccion y acompañamiento’, en las muchas horas de viaje en bus. El libro recorrió de Copiapó a Arica. Atravesó la frontera, llego a Perú. Luego Bolivia. Regreso a Chile. Existió un instante en que mis manos lo tomaron, mis ojos lo leyeron, pero guardando el respeto inmaculado al terreno literario. No hubo pasión, no alcance a enamorarme de el. De esa manera, lo guarde.
Espero expectante. Hasta ahora, que lo leo, para este objeto-ensayo, impuesto por el poder de la bibliografía.
Me someto a un pequeño ejercicio. Una revisión de los momentos teóricos que rodean a “El lugar sin límites”. Cuando me enfrento a este nuevamente, es bajo su dualidad.
Dejo de ser, solo objeto literario y, se torno fílmico.

Viernes veintiuno de Octubre del dos mil cinco, cátedra de Cine Latinoamericano. Profesor Pablo Corro. Se inicia la clase. Llevamos un par de reuniones, que anteceden la presencia de Arturo Ripstein. Ese día por primera vez vi un fragmento de “El lugar sin límites”, específicamente el momento en que don Alejo gana las elecciones. Sentado en una mesa al centro del burdel. A su lado la Japonesa grande. Dicho fragmento se cierra cuando la Manuela baila. Se ríen. Se enoja. Exige una explicación. Es protegida. Vuelve a bailar. Todos bailan. Sale la Manuela y, tras ella todos los demás. Por caliente la arrojan al canal… Pablo Corro problematizo, según mis respectivos apuntes del curso, desde la figura del travestí, reconociendo ahí, un modo de mimetismo humano, una intención de metamorfosis, un gusto en el disfraz y, en el convertirse en otra cosa. La Manuela. En ella se reconoce al travestido. Sujeto político, a contracorriente. Resistente en la construcción del propio cuerpo, que a su vez, opera como alejamiento. “…son hipertélicos: van más allá de su fin…”[3]

Jueves catorce de Junio de este año. Franja de Daneo Flores. Cine y Literatura Chilena. De golpe como si jamás la hubiese visto. Ripstein desde su autonomía. Una modernidad literaria en trance. Apropiada. De un Donoso en descalce, testigo del fin de una época y el comienzo de otra. Se levanta la pregunta ¿En que tiempo?, ¿Dónde se ubica?
La escena que vemos es en la que la Manuela baila con Pancho.

[Pancho –grita, ataca, violenta, a la Japonesita-: ‘¡dile que venga a bailar!… ¡que yo quiero verla!’…
-Silencio-. De pronto…
Manuela: ‘¡Pónganme el Relicario, chiquillos!’
Pancho: ‘Vámonos… aquí se nos curo la enferma…
Manuela: ‘Yo salgo hasta el final. Yo soy el plato fuerte.
-Corazón’ (lentamente)
Pancho: ‘Y el mas sabroso’.]

En un burdel oscuro, caído… en un Olivo, sin luz, agónico. Que se resiste desde lo subterráneo del mismo infierno.


[3] …el contacto libre y familiar entre la gente. [Bajtín]

El mes de junio, en la franja de Patricia, se planteo el último fragmento del curso. A partir de la problematización de la ‘Teoría de la Carnavalización’ de Mijaíl M. Bajtín.

…padecí, palpe-en el propio cuerpo-, …la agonía de la diferencia...

Esta teoría de la carnavalización dialoga con lo social, con lo antropológico. La reflexión del autor es a partir de los carnavales medievales que tienen un inicio y un final… nos situamos en el Olivo, en la casa de la Japonesa, mesa al centro, alrededor de esta. La Japonesa y Don Alejo…Espacio temporal delimitado físicamente y, legitimado por aquellos que se concentran en torno a la celebración. “Las mujeres del pueblo se pusieron de acuerdo de no protestar por tener que quedarse en sus casas esa noche, sabiendo perfectamente que todos los hombres iban donde la Japonesa.”[4] En Ripstein las mujeres que caminan por la calle, en la mañana previa al festejo, se dicen a si mismas, que la ausencia de sus hombres las une a compartir, por la noche. Entre ellas mismas. En tinieblas a conversar. El Olivo –literario y fílmico- “elaboran lenguajes de formas simbólicas concretas y sensibles desde grandes y complejas acciones de masas hasta aislados gestos carnavalescos”.[5] La Manuela, al ingresar a cada espacio- literario o fílmico-, impregna la escena de un modo único, resistente en si mismo. Cuerpo militante. En tensión constante con las imposiciones sociales heredadas de la cultura dominante. Bajo movimiento físicos libres, con un modo de comunicarse sin prejuicios. Una conciencia inconciencia del lugar donde reside, en el límite constante. Ni allá ni acá. Simplemente esta- ahí.
Bajo una risa suspendida en el éxtasis, que le hace peso a la autoridad.
Descarada, en exceso, en desborde. En su modo no hay reglas, no hay normas, ni control. La Manuela se resistente a ser cosificada. Al margen de lo masculino, al margen de lo femenino. De ningún modo un tercero-tercera.
Manuela en construcción constante. Como alteridad, como sujeto que a partir del reconocimiento de su diferencia es capaz de construir su presente –capaz de dar la cara al poder-, sin vergüenza. “Y tomaron juntos, la Manuela y don Alejo, riéndose.”[6]
“El carnaval es un espectáculo sin escenario ni división en actores y espectadores”.[7] Alejo gana las elecciones de senador. La celebración se lleva a cabo en la casa de la Japonesa. En ese encuentro, se invierten las relaciones. El poder descansa, es flexible y, hasta benevolente. Siempre controlando y manipulando. Sin embargo “ebrio”, no en el trono, sino en una vulgar silla, en el mismo nivel que la dueña del Burdel.

[4] Sábado siete de julio del año dos mil siete.

El carnaval en el “Chavo del 8”. En “Cantinflas”… “Condorito”…
Hoy en sequía.
A ratos agónico.
Es necesario buscar más, en el interior de los medios. Ante nuestros ojos – sentidos-, ya fatigados, se organizan como pequeños detalles, resquicios. Resistencias carnavalescas
[1] KAY, Ronald. Rewriting en Quebrantahuesos. Depto. de Estudios Humanísticos. Universidad de Chile. Santiago. 1975.
[2] Epílogo de la novela. Primera escena del filme.
[3] SARDUY, Severo. La Simulación. Monte Ávila. Caracas. 1982.p. 64.
[4] DONOSO, José. El lugar sin límites. Alfaguara, Santiago.1995. p. 64.
[5] BAJTÍN, Mijaíl. Problemas de la poética de Dostoievski. Fondo de Cultura Económica, México. 1986. p.172.
[6] DONOSO, José. El lugar sin límites. Alfaguara, Santiago.1995. p. 73.
[7] Ibíd.

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